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sábado, 9 de diciembre de 2017

Navidad Luminosa

Estás van a ser las primeras navidades en 13 años que paso aquí, y las primeras para mis chicas. Así que animados por el acueducto de la constitución, el recuerdo que yo tenía de ir en navidad al mercadillo de la plaza mayor y el salir un poco de la rutina del pueblo, decidimos ir a pasar el viernes a Madrid. La idea era ir por la mañana al IFEMA a ver la mega exhibición de Harry Potter (mis chicas son super fans de la saga) en la que se pueden ver escenarios originales de las películas. Se habían preparado la noche anterior viendo una de las peliculas de la saga. La falta de planificación y el pensamiento un poco más rural que tenemos después de estos meses, nos hizo presentarnos con la ilusión de mi hija por ver la exhibición(atuendo incluido) y sin entradas. Al llegar allí las entradas estaban agotadas hasta el martes, pero la exhibición ha sido ampliada hasta el 2 de abril o sea que tenemos tiempo para volver, pero esta vez lo haremos con las entradas en nuestras manos. Así que decidimos irnos al centro antes de tiempo y disfrutar un poco en familia del ambiente navideño.

Aparcamos el coche donde solía vivir el tiempo que pasé en Madrid antes de irme a Estados Unidos y decidimos ir en metro al centro. Otra experiencia nueva para mi hija, porque a pesar de haber pasado sus hasta ahora 9 años de vida en una ciudad de casi un millón de habitantes, el transporte público no era una de las cosas por las que destacara dicha ciudad. En Estados Unidos la mayoría de las ciudades están hechas por y para el coche. Casas bajas grandes con terreno en el frente y detrás, negocios de también solo una planta y distancias enormes, que hace que haya gente con gente de edades muy avanzadas sigan  conduciendo con el peligro que conlleva, pero es que sino lo hacen no podrían ir a ningún lado. Según nos íbamos acercando a la estación de Sol, el metro empezaba a estar más concurrido. Al salir de la estación, no pudimos evitar agarrarnos los 3 y mirar alrededor con cara de sorpresa al contemplar lo que se nos venía. Ninguno de los 3 recordábamos haber visto tanta aglomeración de gente en nuestras vidas. Era casi imposible andar o intentar ir en ninguna dirección. Loteros, personajes de Disney pidiendo dinero por una foto, inmigrantes intentando vender petardos y productos navideños para sacar algo de dinero, gente de provincias(como nosotros)pasando el día de puente en Madrid, turistas extranjeros atónitos, mucha policía intentando controlar un poco el descontrol(esta calle solo para arriba, esta solo para abajo). Como pudimos y arrastrados por la multitud llegamos a la plaza mayor,dimos una vuelta por los puestos aunque la mayoría tenían lo mismo y mi hija estaba mas interesada en mirar los edificios antiguos a su alrededor  que en ver pelucas y caganets a 15 euros. También me preguntó por qué vendían musgo si cualquiera puede salir y cogerlo gratis, un ejemplo más de su nuevo pensamiento rural. 

Intentando salir un poco del gentío nos dirigimos hacia el mercado San Miguel. Uno de esos mercados que han dejado de ser un mercado de los de antes, para ahora también servir cañas y tapas y aperitivos gourmet. La verdad que en un día en el que se pueda dar una vuelta tiene que ser muy interesante, pero ayer no era el día. No era el día para intentar entrar en ningún sitio, entrar en cualquier establecimiento era misión imposible y por unos minutos empezaron las discusiones entre los tres por la tensión y el gentío que casi arruinan nuestro día. Finalmente pudimos encontrar un hueco en la barra de un atiborrado bar en el que todo el mundo estaba comiendo cocido con un babero puesto, lo cual produjo gran asombro en mis chicas. Por un rato me vi inmerso en observar como los dos trabajadores de la barra(ambos inmigrantes) se manejaban para atender a la gente de la barra, los camareros del comedor, pedir comandas por un intercomunicador a la cocina, mandar y recoger platos a la cocina situada en el piso de arriba por un montacargas, y uno de ellos a la vez hacer tortillas de patata cuando alguien las pidiera. Que despliegue de facultades, eso si que es multitasking (multitareas) y no lo que hace otra gente en alguna oficina. 

Después de unas tapas y unos refrigerios y con los ánimos un poco más calmados, en esta familia tenemos la mala costumbre de ponernos de mala leche cuando tenemos hambre, salimos otra vez a las super pobladas calles en busca de algo que ver. Empezamos a caminar hacia la plaza de oriente, donde en calles adyacentes no dejamos de ver multitud de restaurantes de comida internacional de los que fuimos tomando nota para visitas venideras. Mi hija no había comido mucho y decidimos entrar en un restaurante oriental pequeño para llevarnos 10 gyozas(una especie de empanadilla oriental)de pollo frescas cocinadas al vapor de muy buena calidad. Por fin llegamos a la plaza de oriente con el palacio al fondo. Mi hija se quedó impresionada con un edificio de tal magnitud, los edificios en Estados Unidos son muy diferentes. Una vuelta por los jardines de Sabatini y para la Gran Via. Casi imposible andar otra vez, y eso que han ampliado un carril para peatones. En la Gran Via los negocios ya son los que en cualquier ciudad del mundo en el centro, todos multinacionales que han echado a los negocios locales. Un panorama que no me gusta nada, pero inevitable. Me quede sorprendido con la cantidad Starbucks por metro cuadrado, nunca he entendido la de seguidores que tiene esta marca por el mundo por un café caro y sobre-valorado con creaciones y sabores extravagantes(me debo estar haciendo viejo). No entendía a mis compañeros de trabajo en Estados Unidos que gastaran tanto dinero en café de Starbucks cada mañana, eso y la popularidad en Arizona de eegees, una cadena de sandwiches mediocres y una especie de bebida granizada, son dos cosas que nunca llegué a entender. 

Estábamos ya bastante cansados de dar vueltas, pero no queríamos volvernos sin al menos ver las luces encendidas y parecía que la hora no llegaba nunca. Decidimos ir a echar un vistazo al gigante de la moda barata Primark , al ver que la mayoría de la gente que había comprado algo venia con bolsas de allí. Cansados de andar entre la multitud de nuevo, entramos en la casa del libro a tomar un respiro y comprar el libro "Wonder"que los tres queremos leer. Por fin llegamos a la entrada de Primark y cual fue nuestra sorpresa que había que hacer cola para entrar y la cola daba la vuelta al edificio. ¿Yo pensé, cuando nos hemos vuelto tan gilipollas que ahora hacemos cola para entrar en una tienda de ropa? No estábamos dispuestos a unirnos a los que allí estaban esperando y bajamos hacia sol, como pudimos por la calle montera. Más de lo mismo, mas gente, músicos callejeros, gente intentando ganarse algo de dinero y por fin la noche que llegaba. Se encendieron las luces, unas fotos por aquí y por allá, una visita a cortilandia. Hacia 20 años que no veía cortilandia y no pude entender como tanta gente se aglomeraba para ver algo tan cutre y sin ningún interés. Unos cuantos osos mecánicos moviendo bocas y brazos con una canción de fondo. Mi hija no paraba de decirme si eso era lo que yo quería que viera y que por qué pensaba que le iba a gustar. Solo pude decirle que yo lo recordaba de otra manera. No pude encontrar una respuesta.

Pregunté a mi hija que te parece Madrid ¿te gusta?. Sí, me gustan muchos de los edificios que hemos visto pero vayámonos para Piedralaves, no aguanto más. Cogimos el metro y dirección a recoger el coche para venirnos para casa. A pesar de no ser una familia muy religiosa, respetamos las creencias de todo el mundo y cada uno tiene el derecho a celebrar las fiestas en relación con sus creencias. Nos gusta la Navidad, ponemos árbol, belén con algún toque especial dinosaurio o algún otro personaje. Nos gusta que las familias se reúnen en estas fechas, que los amigos también lo hacen, nos gusta el intercambio de regalos, el encender la chimenea con un chocolate caliente, ver algunas películas de navidad como Elf. Ya en Tucson no nos gustaba ir a los centros comerciales en Navidad más allá de cuando Isa era más pequeña para hacerse una foto con Papa Noel, y creo que aunque ahora estemos en el otro lado del mundo sigue sin gustarnos las aglomeraciones que conlleva y la parte más comercial y lo difícil que debe ser para una familia con más de un niño para capear el temporal, ya que los precios de actividades y juguetes en esta época son prohibitivos.